Pronosticar el futuro no es difícil. Que el futuro cumpla el calendario, eso sí.
Algunas predicciones envejecen mal. Otras, como esta, envejecen extrañas: acertaron en dirección y fallaron en agenda por motivos que nadie podía meter en la ecuación.
En 2019, durante una conferencia sobre tecnología en Santander, concedí una entrevista a El Diario Montañés. Entre otras cosas, dije esto:
«Las posibilidades de esta tecnología son infinitas. Solo en el ámbito de los videojuegos esperamos que la gran evolución llegue en 2020. Y moverá billones de euros.»
Y también, aún más comprometiéndome:
«Sinceramente, que para 2020 Apple va a publicar unas gafas de realidad aumentada que van a globalizar su uso.»
La primera parte se cumplió: la realidad aumentada mueve, efectivamente, cifras de muchos ceros. La segunda… digamos que el calendario no colaboró. En 2020, mientras Apple preparaba su salto, el planeta entero se encerró en casa y todas las agendas del sector se congelaron. Ni gafas, ni lanzamientos, ni ferias: la pandemia se llevó por delante cualquier plan que llevara la palabra «2020» escrito encima.
Las gafas, cuando por fin llegaron con el Vision Pro, lo hicieron años más tarde de lo previsto y, como casi todo lo que llega tarde, en un mundo ligeramente distinto al que había imaginado.
¿Saco conclusiones de esto? Dos. La primera: en tecnología, acertar en el «qué» es lo fácil — la inercia del sector suele ser legible. Lo imposible es acertar en el «cuándo». La segunda: leer tus propias predicciones de una década atrás es el ejercicio de humildad más entretenido que existe.
Entrevista realizada por J.C.R. El Diario Montañés,2019, Santander. Fotografía de Roberto Ruiz.
